La formación del hombre
Libre del esfuerzo de los estudios oficiales y alcanzado con ellos el resultado práctico de la graduación, él se encontró frente a tres grandes problemas por resolver, frente a tres importantísimas pruebas por superar, frente a tres poderoso enemigos que vencer; pues que su destino ya entonces maduraba y sus impulsos, favorables o contrarios, debían manifestarse con plena eficiencia. Este período de veinte años que va desde sus veinticinco, a sus cuarenta y cinco años de edad, es el más oscuro de su vida, exteriormente insignificante, interiormente tempestuoso y trágico. Fue este el período de su más dura expiación. Él, que no había tenido casi distracciones juveniles ni le gustaba aquella instintiva alegría de vivir que concuerda más fácilmente con la inercia espiritual que con una laboriosa maduración, por veinte años ya no tuvo tranquilidad. Pero quien tiene cualidades debe sufrir su peso y pagar su precio; quien tiene fuerzas dentro de sí debe aprender a manejarlas y a dominarlas, pues ellas se desencadenan infrenables y quieren manifestarse y actuar. Quien ha establecido una meta debe apresurarse sin ocios ni descansos a reencontrarla para realizarla, porque la vida es breve y el destino tiene prisa. El que más tiene, más debe. Quien es más fuerte, es más atacado. Mientras más lejos se debe llegar, más hay que correr.
Concluyendo su juventud se le presentaban, pues, tres vías sobre las que debía recorrer un triple camino: comprender, actuar, sufrir. (…)
Aquella triple vía que se le presentaba delante no era, pues, más que una triple forma de realizarse a sí mismo, de tres maneras:
1) Encontrándose en el conocimiento del universo y por consiguiente, en sí mismo.
2) Purificarse en el dolor, vale decir, conquistando su propia redención a través de la expiación.
3) Realizando su propia transformación, la ascensión espiritual que lo llevaría hasta la visión y unión con Cristo.
Las tres vías estaban ligadas por un profundo nexo lógico y convergían hacia el mismo punto. La trayectoria única de su destino estaba claramente trazada y completa. El significado de su vida y el camino por recorrer era evidente desde sus premisas a sus conclusiones.
(Historia de un hombre, cap VIII)











